Lactancia y enfermedades

María Laura Orcellet
marialaura.orcellet@wiener-lab.com
Centro de Investigación y Biotecnología – Wiener Laboratorios SAIC, Rosario – Argentina.


La lactancia materna es una de las formas más eficaces de asegurar la salud y la supervivencia de los niños. Si prácticamente todos los niños fueran amamantados, cada año se salvarían unas 820.000 vidas infantiles. A nivel mundial, solo un 40% de los lactantes menores de seis meses reciben leche materna como alimentación exclusiva. La Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve activamente la lactancia natural como la mejor forma de nutrición para los lactantes y niños pequeños.
La leche humana es un fluido vivo que se adapta a los requerimientos nutricionales e inmunológicos del niño a medida que éste crece y se desarrolla. No sólo es un producto natural, económico y balanceado bioquímicamente de acuerdo a las necesidades del lactante en sus diferentes etapas de crecimiento, sino que también juega un papel imprescindible en la prevención de enfermedades y alergias. La producción de agentes antimicrobianos, antiinflamatorios e inmunomoduladores está limitado en el recién nacido como parte del proceso de maduración global. Así, por ejemplo, la producción de IgA secretora en el infante comienza a los 4 meses y se establece completamente a los 12 meses; el repertorio completo de anticuerpos se logra a los 24 meses, y las células T de memoria a los 2 años. La leche materna suministra éstos factores inmunológicos, protegiendo al lactante durante este período crucial. La IgA es resistente a las enzimas proteolíticas y al pH bajo. Hasta el 88% de la IgA ingerida puede ser recuperada en las heces del lactante1. Se cree que los anticuerpos de la IgA aglutinan a las toxinas, a las bacterias y a los antígenos macromoleculares, impidiendo de ese modo su acceso al epitelio.


Las probabilidades de transmitir una infección al bebé a través de la leche materna son realmente mínimas. La leche materna es de gran complejidad biológica. Además de proteger activamente es inmunomoduladora, es decir, no sólo transfiere una protección contra infecciones y alergias específicas, sino que también estimula el desarrollo del propio sistema inmune del lactante. Contiene además muchos componentes antiinflamatorios cuyo mecanismo de acción aún no se conoce.
La protección se observa mejor durante la vida temprana y continúa en proporción a la frecuencia y duración de la lactancia materna. El calostro y la leche madura tienen componentes anti-infecciosos tanto humorales como celulares.
La protección que el niño recibe a través de la leche materna es considerable: calculada por Kg de peso corporal, el niño amamantado en forma exclusiva recibe 0,5 g de IgA por día. En las 4-6 primeras semanas de vida el niño obtiene la IgA de la leche materna. La leche humana también estimula la producción de la propia IgA en las células plasmáticas subepiteliales del tracto intestinal del niño2.
Se ha demostrado que la leche humana es activa contra muchos patógenos. Por ejemplo, la IgA presenta in vitro3:

Actividad antibacteriana contra E. coli, C. tetani, C,diphteriae, K. pneumoniae, Salmonella (6 grupos), Shigella, Streptococcus, S. mutans, S. sanguis, S. salivarius, S. pneumoniae, H. influenzae y otros.

Actividad antiviral contra Poliovirus tipos 1, 2, 3, Coxsackie tipos A9, B3, B5, Ecovirus tipos 6, 9, rotavirus, citomegalovirus, reovirus tipo 3, virus rubeola, Herpes simplex, parotiditis, influenza, sincicial respiratorio y otros.

Actividad antiparasitaria Contra: G. lamblia, E. histolytica, S. mansoni, Cryptosporidium.

La IgM y la IgG in vitro actúan contra los lipopolisacáridos de V. cholerae, E. coli, virus rubeola, citomegalovirus, virus sincicial.
Adicionalmente existen componentes de la leche que cumplen un rol inmunológico:

Lactoferrina: Compite por el hierro con microorganismos dependientes del hierro, especialmente E. Coli. Es resistente a la actividad proteolítica.
Lactoperoxidasa: In vitro presenta actividad contra Streptococcus, Pseudomonas, E. coli, S. typhimurium.
Factor bífido: Carbohidrato específico (que contiene nitrógeno), en presencia de lactosa promueve la colonización intestinal por el lactobacilo acidófilo. El bajo pH resultante en el lumen intestinal dificulta el desarrollo de E. coli y hongos como C. albicans.

Enfermedades Infecciosas
Como se ha descripto, la leche materna tiene un conocido efecto protector con relación a las enfermedades infecciosas. Sin embargo, al comprobarse que virus como el HIV se transmiten a través de la leche humana, se han desatado una serie de polémicas sobre este y otros agentes infecciosos y el papel de la lactancia. Por esto, para poder brindar un consejo adecuado a las madres que amamantan, se deben conocer las enfermedades infecciosas, así como el correcto uso de los antibióticos y retrovirales durante el embarazo y la lactancia. A continuación, se reseñan sólo algunas enfermedades infecciosas y los tratamientos frecuentes.

Hepatitis
Se debe vacunar al bebé contra hepatitis B más la inmunoglobulina contra la hepatitis B (IGHB), tan pronto como sea posible luego del nacimiento. Administrar estas dos inyecciones poco después del nacimiento resulta muy efectivo en la prevención del contagio de la hepatitis B de la madre al bebé. De hecho, la vacuna de la hepatitis B se administra a todos los bebés, ya sea que su madre esté infectada con hepatitis B o no. Se ha detectado el virus de hepatitis B en la leche humana, pero no se ha demostrado que la lactancia materna aumente el riesgo de infección en el bebé. La American Academy of Pediatrics (AAP) indica que la infección materna por el virus de la hepatitis B es compatible con la lactancia materna y que no es necesario retrasar el inicio de la misma hasta vacunar al bebé contra la hepatitis B. Tanto la AAP como CDC afirman que la infección materna por el virus de la hepatitis C también es compatible con la lactancia materna. Aunque un bebé se puede infectar con hepatitis C durante el embarazo o el parto, los bebés que se alimentan con leche materna no presentan índices más altos de hepatitis C que los bebés que se alimentan con leche de fórmula. La lactancia materna puede incluso ayudar a prevenir el contagio de la hepatitis C de la madre al bebé, al proporcionar anticuerpos que el bebé recibe a través de la leche materna.

Tuberculosis
Las madres con tuberculosis (TB), pueden amamantar si se encuentran bajo el tratamiento adecuado. Madres con TB no tratada al momento del parto no deben amamantar o estar en contacto directo con su recién nacido hasta que hayan iniciado el tratamiento con los medicamentos adecuados y ya no presenten infección. Una manera de establecer la lactancia a pesar de esta enfermedad es comenzar a extraerse leche poco después del parto, y alimentar a su bebé con esa leche hasta que pueda amamantarlo directamente.

Zika
En un artículo recientemente publicado en la revista Clinical Infectious Diseases5, se mencionó que los resultados de las pruebas genéticas de los aislamientos del virus del Zika de la leche materna de una madre y la orina de su hijo “sugieren fuertemente” la transmisión a través de la lactancia. El virus fue identificado en la leche materna y se detectó 33 días después de la aparición de los síntomas y 9 días después de que la mujer haya dado a luz. Sin embargo, hasta el momento las recomendaciones de la CDC se mantienen sin cambios. Se alienta a las madres a amamantar, incluso en áreas donde se encuentra el virus Zika.
Todas las fórmulas lácteas (excepto la de soja/vegetales) son preparadas a partir de la leche de vaca. Las formulaciones se modifican a medida que los estudios científicos aportan nuevos datos sobre los distintos componentes específicos de la leche humana. La leche es un fluido vivo y al igual que el plasma o la sangre, contiene elementos bioactivos irreemplazables. Ningún alimento es mejor que la leche materna en cuanto a calidad, consistencia, temperatura, composición y equilibrio de sus nutrientes. Cambia su composición y se adapta a los requerimientos del niño. Adaptaciones metabólicas de la madre permiten un máximo aprovechamiento de sus reservas y de los alimentos ingeridos. La composición de la leche se va adecuan do a las necesidades del niño, a medida que éste crece y se desarrolla. Permite una maduración progresiva del sistema digestivo, preparándolo para recibir oportunamente otros alimentos. Por todo esto, la lactancia materna constituye verdaderamente un regalo para toda la vida.

Referencias:
1. P Brandtzaeg, ST Gjeruldsen, F Korsrud, K Baklien, P Berdal, J Ek. (1979) The human secretory immune system shows striking heterogeneity with regard to involvement of J chain-positive IgD immunocytes. The Journal of Immunology 122 (2), 503-510
2. Manual de Lactancia para Profesionales de la Salud. Comisión de Lactancia MINSAL, UNICEF. Editoras C Shellhorn, V Valdés. Ministerio de Salud, UNICEF, Chile 1995.
3. May, JT. (1988) Microbial contaminants and antimicrobial properties of human milk. Microbiol Sci. 5: 42-46.
4. C. Victora, R. Bahl, A. Barros, G.V.A Franca, S. Horton, J. Krasevec, S. Murch, M. J. Sankar, N. Walker, and N. C. Rollins (2016) Breastfeeding in the 21st Century: Epidemiology, Mechanisms and Lifelong Effect. The Lancet. 387 (10017):475-490.
5. Blohm GM, Lednicky JA, Márquez M, White SK, Loeb JC, Pacheco CA, Nolan DJ, Paisie T, Salemi M, Rodríguez-Morales AJ, Glenn Morris J Jr, Pulliam JRC, Paniz-Mondolfi AE (2017) Evidence for Mother-to-Child Transmission of Zika Virus Through Breast Milk. Clin Infect Dis.

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