Incremento y prevención de las enfermedades de transmisión sexual (ETS)

Lic. Ana Nina Palacios; PhD Mauricio Rassetto
ana.palacios@wiener-lab.com / mauricio.rassetto@wiener-lab.com
Centro de Investigación y Biotecnología – Wiener Laboratorios SAIC, Rosario – Argentina


Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y las infecciones de transmisión sexual (ITS) son aquellas que se contraen por contacto sexual. Los organismos que causan las enfermedades de transmisión sexual pueden pasar de una persona a otra por la sangre, el semen, el fluido vaginal u otros fluidos corporales. Las ETS no siempre presentan síntomas; por esta razón, los expertos prefieren el término «infecciones de transmisión sexual» en vez de «enfermedades de transmisión sexual». Las ETS son en EEUU las enfermedades infecciosas más comunes, con 20 millones de nuevos casos por año y un costo estimado de 16000 millones de dólares anuales.

Las ITS pueden presentar una diversidad de signos y síntomas o no manifestar síntomas. Por ese motivo pueden pasar desapercibidas hasta que ocurre una complicación o se le diagnostica la infección a la pareja. Entre los signos y síntomas más comunes que podrían indicar la presencia de una ITS se encuentran:
• Llagas o protuberancias en los genitales o en la zona bucal o rectal
• Dolor o ardor al orinar
• Secreción del pene
• Flujo vaginal con mal olor u olor inusual
• Sangrado vaginal fuera de lo normal
• Dolor durante las relaciones sexuales
• Ganglios linfáticos inflamados y doloridos, particularmente en la ingle, pero otras veces más generalizado
• Dolor en la parte baja del abdomen
• Fiebre
Los signos y síntomas pueden aparecer a los pocos días después de haber estado expuesto, o pueden pasar años hasta que se presenten los problemas; depende de cada organismo.
Durante los últimos años, en todo el mundo y en especial en América Latina y el Caribe, se ha observado un aumento en la incidencia de ITS, con un claro predominio de la sífilis por sobre las otras (Gráfico 1).


En el último tercio del siglo XX, hubo un descenso permanente de la incidencia de sífilis, asociado a las medidas preventivas que se generalizaron con la epidemia del VIH. Sin embargo, en los últimos años se observa una tendencia en aumento. Las razones que explicarían este hecho incluyen cambios en las conductas sexuales, el uso de drogas de diseño y, sobre todo, la reducción de las medidas de protección en las relaciones sexuales. Este cambio de tendencias ha coincidido con la mejoría en el pronóstico de las personas con VIH tras la introducción del tratamiento antirretroviral de gran actividad (TARV), que parece haber llevado a una cierta “relajación” en las medidas de prevención. Todos los grupos etarios se ven afectados por las ITS, pero la mayor repercusión en cuanto a morbimortalidad se manifiesta en la población sexualmente activa. En este sentido, la población adolescente es altamente vulnerable a adquirir ITS y las mujeres menores de 25 años tienen mayor probabilidad de presentar infertilidad asociada a ITS tanto sintomáticas como asintomáticas. Asimismo, se debe tener en cuenta al resto de las poblaciones que también son vulnerables frente a las ITS, como las personas privadas de la libertad, en situación de calle, mujeres y niños/as. Mientras que el VIH ha recibido en los últimos 35 años una respuesta global que permite hoy pensar en el fin de la epidemia para el año 2030, no ocurre lo mismo con el resto de las ITS. Los datos epidemiológicos muestran una reducción o estabilización de la incidencia de VIH, mientras que, por el contrario, revelan un alarmante aumento de las otras, tales como la sífilis, la gonorrea y la infección por clamidia. Este fenómeno las ha vuelto a posicionar entre los principales problemas de salud pública que necesitan especial atención.
Históricamente, la Neisseria gonorrhoeae ha demostrado su capacidad de desarrollar resistencia a los antimicrobianos utilizados como drogas de primera línea para su tratamiento, como la penicilina, tetraciclina, azitromicina y fluoroquinolonas. En la última década, se han detectado fallas de tratamientos a cefalosporinas de espectro extendido (cefixima y cefriaxona), drogas consideradas de primera elección para el tratamiento en muchos países, incluida la Argentina. La reciente aparición de aislamientos no susceptibles en el mundo (CIM>_ 0,5 μg/ml) a cefixima (CFM) y ceftriaxona (CRO), nuevamente evidencia la capacidad de N. gonorrhoeae de adquirir mecanismos de resistencia. Este hecho constituye un nuevo problema de salud pública en todo el mundo, ya que la ausencia de opciones de tratamiento eficaces y de fácil acceso podría llevar a un aumento significativo en la morbilidad y mortalidad de esta enfermedad.

La notificación de nuevos casos de VIH tiene carácter obligatorio en la Argentina desde el año 2001. Sin embargo, el registro de casos comenzó en 1990 y hasta la actualidad se han tomado 143.027 registros de notificaciones. Como se puede observar en el Gráfico 2, en nuestro país cada 100.000 habitantes se notifican 14 personas con VIH, con una notoria diferencia entre varones y mujeres, ya que mientras para los primeros la tasa es de 20,3 por 100.000, para las mujeres es de 7,6 por 100.000. Al igual que en los años anteriores, la línea de tendencia continúa mostrando una leve caída en las mujeres y se mantiene estable en los varones, lo que genera que se amplíe la brecha entre ambos sexos. El descenso de las tasas es continuo desde 2008 en las mujeres y a partir de 2010 se estabilizó en los hombres. Estos movimientos de las tasas de VIH se dan en el marco de un sostenido aumento demográfico en todo el territorio argentino, que favorece estas tendencias de estancamiento y caída, pese a que en términos absolutos el número de diagnósticos es similar de un año a otro.
Las tasas específicas por sexo y edad continúan con una leve caída, tanto en varones como en mujeres. Los varones de las franjas etarias medias, 25 a 34 y 35 a 44 años, son los que concentran mayor cantidad de casos, aunque se puede ver que en la última década ha habido un sostenido crecimiento de los más jóvenes (15 a 24 años). En grupos de 15 a 34 años predomina la transmisión sexual sin protección por relaciones homosexuales y que hay un aumento de esta categoría entre trienios para todos los grupos excepto el de 60-64 y 75-79 años. Los grupos etarios más altos presentan un comportamiento inverso, allí aumentan las infecciones por relaciones heterosexuales sin protección. En cuanto a las mujeres, continúa la tendencia a la baja en todas las franjas etarias, aunque con poca diferencia, la mayor concentración está en la franja que va de 30 a 34 años, seguida de las que tienen entre 25 y 29 años.
En los últimos diez años se han producido algunos cambios en la población que se diagnostica con VIH en nuestro país. Si bien la realidad en todo el territorio es heterogénea, las tendencias, salvo escasas excepciones, parecen uniformes.
• La tasa de diagnósticos en varones se mantiene estable en tanto la de mujeres disminuye ligera pero sostenidamente. En números absolutos, la población con VIH es mayormente masculina, con un 71% del total de personas infectadas.
• El 20% de los varones y el 22% de las mujeres con VIH tienen menos de 25 años; casi el 60% de los primeros y el 54% de las últimas tienen entre 25 y 44 años, y el 20% y el 21%, respectivamente, son de 45 años o más.
• El nivel de instrucción, que es un indicador de nivel socioeconómico, muestra que entre 2007 y 2016 se evidencia un aumento en las personas diagnosticadas con VIH que tienen secundario completo y más. Las mujeres tienen menor formación en el tema que los varones y, entre ellos, los homosexuales presentan niveles más altos.
• La provincia de Buenos Aires es la que concentra el mayor número de personas con VIH, un 28,1%. Sin embargo, desde 2007 este porcentaje ha bajado casi 10 puntos.
• La sexual es la principal vía de transmisión de la infección por VIH, con una leve tendencia a la baja en varones cuyas prácticas son heterosexuales, en contraposición a un crecimiento en varones con prácticas sexuales homosexuales.
Se recomienda
• Hacer énfasis en la prevención, diagnóstico y tratamiento en población adolescente, que es la más afectada por las ITS. Es importante destacar la necesidad de un abordaje integral, dada su alta vulnerabilidad en general y que las mujeres menores de 25 años tienen mayor probabilidad de presentar infertilidad asociada a ITS, tanto sintomáticas como asintomáticas.
• Incluir en todas las consultas de adolescentes la prevención de las ITS.
• Promover diagnóstico y tratamiento precoz de ITS sintomáticas y asintomáticas (tamizaje).
• Asegurar el tratamiento de las parejas sexuales.
• Lograr óptimas coberturas de vacunas contra VPH y hepatitis B.
• Controlar la propagación de la resistencia a N. gonorrhoeae, indicando diagnóstico etiológico en los casos sospechosos.
• Vincular e integrar los servicios y programas de prevención, diagnóstico, tratamiento y atención de salud sexual en adolescentes.