Consumo de sal

Desde hace algunos años los hábitos alimenticios de la población mundial se fueron modificando, las causas son variadas, pero principalmente se debe a la creciente producción de alimentos elaborados cada vez más numerosos, la rápida urbanización y la evolución de los modos de vida. Las poblaciones del mundo entero consumen alimentos más ricos en energía que contienen muchas grasas saturadas, ácidos grasos trans, azúcar y sal. Esta última es la fuente principal de sodio, cuyo crecido consumo se asocia a la hipertensión y a un mayor riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.
El sodio es un nutriente esencial necesario para mantener el volumen plasmático, el equilibrio acidobásico, la transmisión de los impulsos nerviosos y el funcionamiento normal de las células. Sin embargo, el exceso de sodio tiene consecuencias desfavorables para la salud, en particular la hipertensión arterial. Este nutriente se encuentra en estado natural en diversos alimentos, como la leche, la carne y los crustáceos; y está presente en grandes cantidades en los alimentos elaborados, como el pan, los productos cárnicos elaborados, así como en ciertos condimentos (salsa de soja o de pescado, por ejemplo).
Para reducir el consumo de sodio en la población, la Organización Mundial de la Salud recomienda consumir menos de 5 gramos (un poco menos que una cuchara de té) de sal por día. Toda la sal que se consume debe ser yodada, es decir “enriquecida” con yodo, lo cual es esencial para un desarrollo sano del cerebro, especialmente del feto y los niños pequeños, así como para optimizar las funciones mentales en general.
Fuente: OMS.