Neumonía: síntomas, diagnóstico y tratamiento

Bioq. Emilena Toplikar
emilena.toplikar@wiener-lab.com
Centro de Investigación y Biotecnología – Wiener Laboratorios SAIC, Rosario – Argentina

Descripción general
La neumonía es una infección que inflama los espacios alveolares de los pulmones, se caracteriza por la multiplicación de microorganismos en el interior de los mismos, lo que provoca daño pulmonar. Puede afectar a un lóbulo pulmonar completo (neumonía lobular), a un segmento de lóbulo, a los alvéolos próximos a los bronquios (bronconeumonía) o al tejido intersticial (neumonía intersticial). Los sacos aéreos se pueden llenar de líquido o pus, lo que provoca tos con flema o material purulento, fiebre, escalofríos y dificultad para respirar (Figura 1).

La neumonía puede variar en gravedad desde suave a potencialmente mortal. Es más peligrosa en bebés y niños pequeños, personas mayores a 65 años y personas con problemas de salud o sistemas inmunitarios debilitados.
A menudo, la neumonía es la enfermedad terminal que acaba causando la muerte en personas que tienen otras enfermedades graves y crónicas. Es la causa más común de muerte entre las infecciones que se desarrollan mientras el paciente permanece hospitalizado y es la causa general de muerte más común en los países en desarrollo. La neumonía es también una de las infecciones graves más frecuentes en los niños y en los recién nacidos.
Causas
Las neumonías se desarrollan cuando un germen infeccioso invade el tejido pulmonar. Estos gérmenes pueden llegar al pulmón por tres vías distintas: por aspiración desde la nariz o la faringe, por inhalación o por vía sanguínea. Los más frecuentes son las bacterias y luego los virus.
Las vías respiratorias y los pulmones están constantemente expuestos a organismos microscópicos que están presentes en la nariz y la garganta casi todo el tiempo, que se inhalan regularmente y los mecanismos de defensa eliminan. Se desarrolla una neumonía cuando:
• Los mecanismos de defensa no están funcionando correctamente.
• Se inhala una gran cantidad de bacterias que sobrepasan las defensas normales.
• Se introduce un organismo especialmente virulento.
Por lo general, la neumonía comienza tras la inhalación de microorganismos que llegan a los pulmones, pero a veces la infección es transportada a los pulmones a través del torrente sanguíneo o se extiende directamente a éstos desde una infección cercana.
¿La neumonía es una enfermedad contagiosa? De hecho, no hay ninguna respuesta simple. En general, no, la neumonía no es una enfermedad contagiosa; sin embargo, hay excepciones. Hay algunos tipos especiales de neumonía que pueden transmitirse de una persona a otra, como la neumonía de origen viral y algunas formas de neumonía bacteriana. Hay más de 100 gérmenes, entre virus, bacterias, parásitos y hongos que pueden causar neumonía. Sin embargo, la gran mayoría de los casos es causada solamente por 4 o 5 gérmenes, que suelen colonizar las vías aéreas superiores.
Las neumonías causadas por hongos o parásitos no se transmiten directamente de una persona a otra. La gripe y otras virosis respiratorias aumentan el riesgo de neumonía tanto para neumonía bacteriana como para neumonía viral, Por lo tanto, la gripe es un factor de riesgo.
Factores de riesgo
La neumonía puede afectar a cualquiera, pero los 2 grupos de edades que presentan el mayor riesgo de padecerla son los niños menores de 2 años, poseen un sistema inmunológico poco desarrollado; y las personas mayores de 65 años, tienen un sistema inmunitario debilitado (a veces por enfermedades graves).
Otros factores de riesgo incluyen los siguientes:
Estar hospitalizado: tienen un mayor riesgo de contraer neumonía, especialmente aquellos que están conectados a una máquina que los ayude a respirar.
Enfermedad crónica: son más propensos a contraer neumonía los que tienen asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o una enfermedad cardíaca, con fibrosis quística, diabéticos, enfermos renales o neurológicos.
Fumar: el fumar daña las defensas naturales que el cuerpo presenta contra las bacterias y los virus que causan neumonía.
Alcoholismo: las personas que consumen alcohol están expuestas a adquirir neumonía, debido a que los cilios (vellosidad) respiratorios, encargados de la limpieza de las vías aéreas, paralizan su función a causa del licor, lo que facilita la contaminación de los pulmones con bacterias y virus.
Sistema inmunitario debilitado o suprimido: las personas que tienen VIH/SIDA, que se han sometido a un trasplante de órganos o que reciben quimioterapia o esteroides a largo plazo están en riesgo.
Trasplantados: éstas personas llevan medicación con inmunosupresores que les debilitan las defensas, al igual que las personas con tratamientos para el cáncer.
Personas con alguna afección de salud no diagnosticada o con el sistema inmunitario debilitado.
La neumonía puede aparecer después de una intervención quirúrgica, especialmente si es abdominal, o de un traumatismo, sobre todo después de una lesión del tórax, dado que a causa del dolor que aparece en tales circunstancias a la persona le resulta más difícil respirar con profundidad y toser. Si el sujeto no respira profundamente y tose, los microorganismos tienen más probabilidades de permanecer en los pulmones y causar infección.
Tipos de neumonía
De acuerdo al organismo que produce la infección
Neumonía bacteriana: las principales bacterias que causan neumonía son: Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus.
Neumonía viral: los virus respiratorios son a menudo causa de neumonía. Normalmente es más suave y corta que la neumonía bacteriana. Las 4 formas más comunes de neumonía viral son causadas por el virus Influenza, Parainfluenza, Adenovirus y Virus sincitial respiratorio. El primero es el agente infeccioso de la gripe, mientras que los 3 restantes son virus que causan resfriado.
Neumonía a Mycoplasma: no es virus y no es bacteria, tiene características de los 2. Es muy contagiosa.
Neumonía a hongo: produce neumonía en personas que inhalan grandes cantidades de estos organismos, también en personas con enfermedades crónicas o sistema inmune debilitado. Una clase de neumonía fúngica es producida por el Pneumocystis jirovecii, afecta a personas con el sistema inmune deprimido.
De acuerdo a donde es transmitida (por localización)
Neumonía adquirida en el hospital (neumonías intrahospitalarias): algunas personas contraen neumonía durante su estancia hospitalaria debido a otras enfermedades o una vez transcurridas las 48 horas o dos semanas después de recibir el alta. Puede ser grave debido a que la bacteria que la causa puede ser más resistente a los antibióticos.
Neumonía adquirida por cuidado de la salud: es un tipo de infección bacteriana que ocurre en personas que viven en instalaciones de cuidado de la salud por largo tiempo o que reciben cuidados en una clínica de atención ambulatoria, incluso en los centros de diálisis.
De acuerdo a como es adquirida
• Neumonía por aspiración: se produce cuando las partículas (por ejemplo, la saliva, los alimentos o el vómito) de la boca se inhalan y no son eliminadas de los pulmones. La neumonía por aspiración puede ocurrir en personas con dificultades para tragar, como las personas que han tenido accidentes cerebrovasculares, y en las personas con disminución del nivel de consciencia debido a los fármacos sedantes, alcohol u otras razones.
• Neumonía obstructiva: se produce por una obstrucción de las vías respiratorias en los pulmones (como un tumor), hace que las bacterias se acumulen por detrás de la obstrucción.
Signos y síntomas
Los signos y síntomas de la neumonía varían de moderados a graves y dependen de varios factores, como el tipo de germen que causó la infección (pero no siempre), la edad y la salud en general. Entre ellos, dolor en el pecho al respirar o toser, tos que produce expectoración purulenta o herrumbrosa, en ocasiones con sangre, fiebre, transpiración y escalofríos con temblor, presión sanguínea baja (hipotensión), ritmo cardíaco elevado (taquicardia) o baja saturación de oxígeno (SatO2), desorientación y confusión en adultos mayores de 65 años, dolores de cabeza, náuseas, vómitos y dolores articulares o musculares, entre otros.
Puede que los recién nacidos y bebés no muestren signos de estar sufriendo la infección, o bien, pueden vomitar, tener fiebre y tos, parecer inquietos o cansados y sin energía, o presentar dificultad para respirar y comer.
Diagnóstico
Después de las preguntas sobre la historia clínica del paciente y la exploración física, el médico puede recomendar los siguientes exámenes:
Radiografía torácica. Es la prueba que se realiza para diagnosticar una neumonía cuando hay una sospecha clínica. Esta prueba es obligada no sólo para establecer el diagnóstico sino también para ver la localización, la extensión, posibles complicaciones como el derrame pleural y para descartar otros procesos diferentes que cursan con síntomas similares. No obstante, el médico no puede saber por medio de una radiografía qué tipo de germen está causando la neumonía. (Figura 2)
Análisis de sangre. Se usan para confirmar una infección, aunque pueden no ser capaces de identificar el tipo de organismo que está causando la infección.
Pulsioximetría. Se mide el nivel de oxígeno de la sangre. La neumonía puede hacer que los pulmones no sean capaces de pasar una suficiente cantidad de oxígeno al torrente sanguíneo.
Prueba de esputo. Se toma una muestra de líquido de los pulmones (esputo) que se obtiene haciendo toser profundamente al paciente; luego, se analiza la muestra para ayudar a identificar la causa de la infección. Sin embargo, la identificación precisa no siempre es posible.
Es posible que el médico solicite otros exámenes si el paciente tiene más de 65 años, está en el hospital o presenta síntomas graves u otras enfermedades. Estos pueden incluir los siguientes:
TC. Si la neumonía no mejora en el tiempo esperado, es posible que el médico recomiende hacer una TC de tórax para obtener imágenes más detalladas de los pulmones.
Cultivo de líquido pleural. Con una aguja que se inserta entre las costillas, se toma una muestra de líquido de la zona pleural y se la analiza para determinar el tipo de infección.
Test de orina: Puede identificar Streptococcus pneumoniae y Legionella pneumophila.
Broncoscopia: Este examen busca en las vías respiratorias en los pulmones. El médico puede hacer esta prueba si los síntomas iniciales son severos, o si el paciente está hospitalizado y el cuerpo no responde bien a los antibióticos.
Tratamiento
La mayoría de los casos de neumonía puede ser tratada sin hospitalización y se cura en la mayoría de los pacientes sin dejar lesiones. Normalmente, los antibióticos orales, reposo, líquidos, y cuidados en el hogar son suficientes para completar la resolución. Por lo general, el tratamiento con antibióticos se comienza en cuanto se sospecha la presencia de una neumonía bacteriana, incluso antes de identificar el microorganismo.
Si los síntomas empeoran, si la neumonía no mejora con tratamiento en el hogar, o se producen complicaciones, la persona a menudo tiene que ser hospitalizada. La mayoría de los pacientes hospitalizados no necesitarán estar en aislamiento respiratorio, ya que el riesgo de transmisión al personal médico u otros pacientes es muy bajo. Medidas simples de higiene, como lavarse las manos y evitar el contacto directo de un paciente con los demás son suficientes. Solamente en los casos de neumonía por Micoplasma pneumoniae es que se sugiere que el paciente quede en cuarto separado y el personal médico y familiares que lo visiten deben usar máscaras respiratorias. Pacientes con neumonía por gripe, especialmente cuando la infección se produce durante cuadros de epidemias de nuevas cepas, también tienden a permanecer en aislamiento.
Prevención
La primera forma de prevenir la neumonía es a través de la vacuna contra la gripe y contra el neumococo. Los médicos recomiendan una vacuna para la neumonía diferente para niños menores de 2 años y para niños de 2 a 5 años que son particularmente propensos a contraer la enfermedad. Los expertos señalan que deberían vacunarse contra la gripe todas las personas mayores de 60 años y aquellos adultos con factores de riesgo deberían vacunarse contra el neumococo.
Vacunas para prevenir la neumonía
Se dispone de vacunas que ofrecen una protección parcial contra la neumonía causada por la bacteria Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae tipo B (solo en niños), gripe y varicela.
Vacuna neumocócica
Existen dos formulaciones de la vacuna contra el neumococo:
• La vacuna antineumocócica conjugada (VCN13), protege contra 13 tipos de neumococos.
• La vacuna antineumocócica de polisacáridos (VPN23), protege contra 23 tipos de neumococos (recomendada para adultos mayores de 65 años).
Vacuna contra Haemophilus influenzae tipo B
La vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo B puede prevenir la neumonía causada por la cepa Haemophilus influenzae tipo B.
Vacuna contra la gripe
La vacuna contra la gripe por lo general puede prevenir la neumonía causada por el virus de la gripe.
Vacuna contra la varicela
La vacuna contra la varicela puede prevenir la neumonía causada por el virus de la varicela que es muy rara.
Complicaciones
Si la neumonía es extensa o hay enfermedad pulmonar o cardiaca previa, puede que el paciente tenga también dificultad respiratoria. Además, si los gérmenes pasan a la circulación sanguínea, producen una bacteriemia que puede conducir a un shock séptico, con riesgo para la vida. Incluso habiendo recibido tratamiento, algunas personas que tienen neumonía, especialmente aquellos que se encuentran en los grupos de alto riesgo, pueden experimentar complicaciones, incluidas las siguiente:
Bacterias en el torrente sanguíneo (bacteriemia). Las bacterias que ingresan en el torrente sanguíneo desde los pulmones pueden propagar la infección a otros órganos y, potencialmente, provocar una insuficiencia orgánica.
Dificultad para respirar. Si la neumonía es grave o si se tiene enfermedades pulmonares crónicas ocultas, esto impide que el oxígeno llegue al torrente sanguíneo, provocando que la persona sienta ahogo. Es posible que se deba hospitalizar y utilizar un respirador artificial (ventilador) hasta que sus pulmones sanen, ya que los niveles bajos de oxígeno son potencialmente mortales.
Acumulación de líquido alrededor de los pulmones (derrame pleural). La neumonía puede causar la acumulación de líquido en el fino espacio que hay entre las capas de tejido que recubren los pulmones y la cavidad torácica (pleura). Si el fluido se infecta, es posible que deban drenarlo a través de una sonda pleural o extraerlo mediante una cirugía
Absceso pulmonar o empiema. Se trata de una acumulación de pus entre el pulmón y la pared torácica. Se forma un absceso pulmonar cuando una pequeña área del pulmón muere y se produce una colección de pus en su lugar. Normalmente, los abscesos se tratan con antibióticos, a veces, se necesita una cirugía o un drenaje con una aguja larga o una sonda que se coloca en el absceso para extraer el pus.