¿Vacunas, sí o no?

Bioq. Verónica Meichtry
veronica.meichtry@wiener-lab.com
Centro de Investigación y Biotecnología – Wiener Laboratorios SAIC, Rosario – Argentina


Cada año, la inmunización salva millones de vidas y en todo el mundo se la reconoce ampliamente como una de las intervenciones en salud con mayor costo-beneficio. Aun así, sigue habiendo en el mundo cerca de 20 millones de niños no vacunados o vacunados de forma incompleta.
Una vacuna es una preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad, estimulando la producción de anticuerpos (inmunidad activa). Puede tratarse de una suspensión de microorganismos muertos o atenuados, de productos o derivados de microorganismos o pueden producirse a través de ingeniería genética. Cuando se administra una vacuna, el sistema inmunológico reconoce el antígeno, interpreta que se trata de un agente extraño y produce anticuerpos contra éste, es decir, genera defensas. Si posteriormente la persona entra en contacto con el microorganismo contra el cual fue vacunada, las defensas generadas gracias a la vacuna se encargan de protegerla para evitar la enfermedad o hacer que las manifestaciones de la misma sean leves.
Para cada vacuna se estudia la vía de administración óptima para su ingreso al organismo de manera que genere una respuesta adecuada. Las diferentes opciones son: oral, intradérmica, intramuscular, subcutánea y aerosol nasal. La aplicación de una vacuna inyectable puede causar dolor, enrojecimiento e inflamación en la zona de aplicación. Estos síntomas suelen desaparecen espontáneamente. En algunos casos puede aparecer fiebre y decaimiento durante un par de días. Si alguno de estos síntomas persiste se debe consultar a un profesional de la salud. Las vacunas a virus vivos atenuados pueden reproducir levemente la enfermedad, esto asegura que se generen las defensas.
Las vacunas son seguras
Todas las vacunas aprobadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las diferentes fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas regularmente una vez comercializadas. Los científicos también siguen constantemente la información procedente de diferentes fuentes en busca de indicios de que una vacuna pueda tener efectos adversos. La mayoría de las reacciones a las vacunas son leves y temporales, tales como el dolor en el lugar de inyección o la febrícula. Los raros efectos colaterales graves notificados son investigados inmediatamente.
Las vacunas interaccionan con el sistema inmunitario y producen una respuesta similar a la generada por las infecciones naturales, pero sin causar enfermedad ni poner a la persona inmunizada en riesgo de sufrir las posibles complicaciones de ésta. En cambio, el precio a pagar por la inmunización a través de la infección natural puede consistir en disfunción cognitiva en la infección por Haemophilus influenzae de tipo b, defectos congénitos en la rubéola, cáncer hepático en la hepatitis B o muerte por complicaciones en el sarampión. Los eventos graves relacionados a la administración de vacunas son muy poco frecuentes.
Aunque las enfermedades prevenibles mediante vacunación se han vuelto raras
en muchos países, los agentes infecciosos que las causan siguen circulando en otros.
En un mundo tan interconectado como el actual, pueden cruzar fácilmente las fronteras
geográficas e infectar a cualquiera que no esté protegido.

Los dos motivos principales para vacunarse son: protegernos a nosotros mismos y
proteger a quienes nos rodean. Las vacunas tienen beneficios individuales y sociales.
Si se vacunan suficientes personas, la llamada «protección comunitaria o en rebaño» protege a quienes no pueden vacunarse debido a su sistema inmunológico débil o a posibles reacciones alérgicas a la vacuna.

Datos estadísticos
En Argentina:
Viruela: se erradicó oficialmente en 1980
Poliomielitis: El último caso fue en 1984.
Sarampión: el último caso autóctono fue en el año 2000; y en 1998 el último muerto. En el mundo, mueren 400 mil personas por año por esta enfermedad.
Rubéola: en 2009 se registró el último caso de rubéola y rubéola congénita, gracias a la vacunación en chicos y las campañas de vacunación de mujeres en edad fértil (no embarazadas)
Hepatitis A: desde 2007 no hay trasplantes de hígado por hepatitis A, vacuna que se incorporó en 2005 al calendario.
Difteria: en 2006 se registró el último caso de difteria.
Tos convulsa: desde 2012 se incorporó la vacuna contra la tos convulsa para embarazadas. Y se redujo en 82% las muertes de bebés por tos convulsa, gracias a los anticuerpos que transfiere la madre al bebé.
Neumonía: desde 2012 se redujeron un 50% las internaciones por neumonía gracias a la vacuna contra el neumococo.
Rotavirus y varicela: se está empezando a ver una disminución de casos de varicela y rotavirus, unas de las últimas vacunas incorporadas al calendario.
Pese a estos datos contundentes, hace ya varios años los movimientos anti vacunas son un fenómeno creciente y alarmante. Uno de los argumentos habituales utilizados por los anti vacunas para defender su posición hace referencia a los supuestos riesgos y efectos secundarios que pueden tener las mismas. Estos movimientos anti vacunas cobraron más fuerza a partir de 1998, cuando se publicó en la revista The Lancet un estudio del médico británico Andrew Wakefield en el que se vinculaba a la vacuna triple viral con el autismo, la cual, como se sabe, se administra para la inmunización contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola. Más tarde se demostró que existía fraude en ese estudio y la revista retiró el artículo en 2004, pero para entonces el daño ya estaba hecho. En EE.UU. empezaron a aparecer páginas web que defendían estas tesis basadas en ideas filosóficas o religiosas, sin tener en cuenta el empirismo científico.
Estos grupos han extendido falsos conceptos acerca de las vacunas, tales como sobrestimar el dolor que causa su administración, creer que disminuyen la inmunidad, que en la composición entran sustancias tóxicas o que su principal interés es el económico pero el más trascendente es el que pudieran ser causa de enfermedad. Las vacunas, rara vez, pueden tener efectos secundarios, que han sido usados como «generalización» por los grupos anti vacuna. A continuación, se enumeran someramente algunos de los falsos mitos esgrimidos por estos grupos:
– Autismo y enfermedad inflamatoria intestinal. Fueron relacionadas con la administración de la triple vírica. Wakefield y colaboradores en 1998 describieron en 8 de 12 niños ingresados por manifestaciones intestinales e hiperplasia intestinal linfoide y trastornos del espectro autista, cuadro que se puso de manifiesto poco después de recibir la vacuna. Ha habido múltiples estudios posteriores con cientos de miles de niños incluidos que fueron seguidos tras la vacuna con triple vírica y no se ha encontrado relación ni con la enfermedad intestinal ni con el autismo. Las vacunas anti tos ferina y antirrubeólica también han sido incriminadas en el autismo, sin encontrarse estadísticamente esa relación.
– Las que contienen timerosal, además de relacionarlas con el autismo, se han tratado de vincular con trastornos del desarrollo neuropsíquico (hiperactividad, inatención, retrasos del lenguaje). El timerosal se metaboliza a etilmercurio, al cual no se le conoce papel de neurotoxina, la cantidad final de mercurio que se detecta es mínima.
– Enfermedades desmielinizantes del SNC. Su relación con la vacuna de la hepatitis B (HB) surge en Francia en 1994 (en 1998 en la propia Francia se constató una menor incidencia en los vacunados que en los no vacunados).
– Síndrome de Guillain-Barré. Se puede admitir una asociación causal entre administración de determinados lotes de vacunas antigripales y dicho síndrome. Su presentación con otras vacunas (tétanos, triple vírica y anti-HB) son coincidencias.
– Otras enfermedades autoinmunes. Esclerosis múltiple, diabetes mellitus tipo 1, lupus eritematoso, artritis reumatoide, se relacionaban con la vacuna HB pero no se ha demostrado.
– Muerte súbita del lactante. En 2003 en Europa se declararon 5 casos en las 24 horas siguientes a la administración de vacunas combinadas hexavalente (difteria, tétanos, tos ferina acelular, vacuna polio intramuscular, HB, Haemophilus influenzae tipo B (Hib)). En mayo de 2003, la Agencia Europea del Medicamento no recomienda ningún cambio. Hay millones de dosis administradas desde entonces, no se han corroborado esas 5 muertes por esa causa.
– Diabetes mellitus tipo 1. Relacionada por neozelandeses con las vacunas frente al Hib y la HB basándose en estudios con animales. No se ha demostrado nada similar en el hombre.
– Enfermedades atópicas, sobre todo asma. Las vacunas implicadas incluyen difteria-tétanos-tos ferina de células enteras, triple vírica, vacuna polio oral, HB y antigripales, junto al papel de los coadyuvantes en su respuesta mediadora. Sin embargo, esta hipótesis no está corroborada y el aumento de las enfermedades atópicas empezó antes del uso sistematizado de las vacunas.
– Sistemas de inmunización. Los grupos anti vacunas también argumentan que las vacunas producen sobrecarga y deterioro de los sistemas de inmunización. Frente a esto está el hecho que se calcula que el organismo del lactante sano puede desarrollar anticuerpos efectivos frente a 10.000 antígenos. Un lactante vacunado en los años 1980 recibía unos 3.000 antígenos, en la actualidad reciben por esta vía un máximo de 160.
– Transmisión vacunal de virus o partículas virales. Se ha desmentido que vacunas como polio oral, triple vírica o anti fiebre amarilla puedan transmitir virus.
– Convulsiones, hipotonía y disminución de la conciencia, polineuropatía. Sobre todo, en inmunodeprimidos y con vacunas de virus vivos.
El objetivo fundamental de la vacunación es la prevención de enfermedades transmisibles como son las enfermedades infectocontagiosas. Esto ha sido claramente demostrado en países que implementaron la vacunación masiva como parte del programa de salud.
Gracias a la vacunación, hoy muchas enfermedades se encuentran controladas y en algunos casos incluso erradicadas, como es el caso de la viruela y la poliomielitis.
Las vacunas lograron cambiar la historia de la evolución del hombre, lograron erradicar enfermedades mortales y demostraron, sin lugar a dudas, que son una intervención en salud indiscutida, así como un derecho para cada persona del planeta. Vacunas, sí.