PREVENCIÓN DE LA FIEBRE HEMORRÁGICA ARGENTINA

Ana Nina Palacios
ana.palacios@wiener-lab.com
Centro de Investigación y Biotecnología – Wiener Laboratorios SAIC, Rosario – Argentina


La fiebre hemorrágica argentina (FHA), también llamada localmente “mal de los rastrojos”, es una enfermedad viral transmitida por animales, que produce una fiebre hemorrágica viral. Es causada por el Virus Junín, transmitido principalmente por una especie de roedor, el ratón maicero (Calomys musculinus).

El Virus Junín pertenece a la familia de los Arenavirus, dentro de los que se han reconocido otros 4 agentes de fiebres hemorrágicas: el virus Machupo, causante de la fiebre hemorrágica boliviana; el virus Guanarito, de la FH venezolana; el virus Sabiá, en Brasil y el virus Lassa, en África. En cada región, el virus puede infectar a varias especies de roedores pero siempre hay una especie mayoritaria, que se identifica como reservorio principal.

Desde el descubrimiento del virus Junín, en 1950, se han producido brotes anuales de FHA sin interrupción.

La enfermedad tiene una distribución focal que puede correlacionarse con la distribución, también focal, de los roedores infectados. El área endémica de la FHA comprende la región de la pampa húmeda de las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa.

Estos roedores, Calomys musculinus, infectados con el virus Junín, eliminan continuamente el virus por saliva y orina, contaminando el medio ambiente en el que viven. La sangre del roedor, así como sus órganos, posee una alta concentración de virus.

La transmisión se produce por contacto directo con roedores infectados o inhalación de sus excretas. Por estas razones deben ventilarse los depósitos rurales o ambientes cerrados susceptibles al ingreso de estos roedores.

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Aunque la transmisión puede producirse en cualquier época del año, es más frecuente en otoño, debido a que crece la población de roedores y coincide con el incremento de la actividad agropecuaria. Así, el virus llega al hombre a través de distintas vías: una herida en la piel, un objeto contaminado en la boca, o las hierbas contaminadas llevadas por el viento pueden entrar en contacto con las mucosas (boca, ojos o nariz), y contagiar.

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Cuando el virus penetra en el hombre se desarrolla una primera etapa de incubación, que va desde 4 a 14 días, durante la cual no se ven signos clínicos. Después de ese período comienzan los síntomas, semejantes a una gripe, decaimiento, dolor de cabeza, etapa febril aguda. Durante la primera semana del inicio de los síntomas las vías aéreas superiores no se encuentran comprometidas y las manifestaciones hemorrágicas son escasas. Con el avance de la enfermedad se agregan dolores musculares y articulares, dolor retrocular, dolor abdominal, mareos, náuseas y vómitos.

Durante la segunda semana los síntomas pueden tener tres tipos de derivaciones: nerviosa, hemorrágica o mixta. La primera, afecta algunos centros nerviosos motrices, que producen en el paciente una incoordinación de algunos tipos de movimientos «finos», y temblores en las manos y la lengua. La segunda, afecta los vasos sanguíneos de distinta manera, lo que provoca hemorragias de gravedad diversa. La mixta, combina las dos anteriores. Ante cualquiera de estos cuadros, tomados a tiempo, el individuo puede recuperarse.

Cuando aún la enfermedad no se había identificado, estos primeros síntomas inespecíficos se confundían con la gripe, y era tratada de esta manera por los médicos, resultando un alto porcentaje de muertes. La letalidad de la enfermedad sin tratamiento es de entre el 15 y 30%, y se reduce al 1% cuando se aplica el tratamiento específico, antes del octavo día desde el inicio de los síntomas.

Actualmente, los pacientes que concurren a tiempo reciben tratamiento con plasma de convalescientes, o sea, suero de un individuo que ha estado enfermo y se ha recuperado. Ese suero tiene anticuerpos que, al ser incorporados al nuevo paciente, actúan sobre el virus inactivándolo y reforzando la producción de anticuerpos propios. Con este método se ha logrado bajar la mortalidad en porcentajes importantes.

En el año 1965 un grupo de investigadores del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) y del Instituto Nacional de Microbiología “Dr. Carlos G. Malbrán”, se instaló en la ciudad de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, para realizar estudios sobre la Fiebre Hemorrágica Argentina. En 1978, gracias al apoyo de los Ministerios de Salud de la Provincia de Buenos Aires y del Ministerio de Salud de la Nación, se crea el «Instituto Nacional de Estudios sobre Virosis Hemorrágicas» (actualmente Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas «Dr. Julio I. Maiztegui»), con sede en Pergamino. Su origen surge ante la necesidad de abordar la problemática en salud pública dada por la FHA.

Junto a otros 14 centros asistenciales, distribuidos estratégicamente en las cuatro provincias afectadas por la enfermedad, comenzaron las investigaciones dirigidas a la obtención de una vacuna contra la FHA.

Un proyecto de colaboración científica internacional entre los gobiernos de EEUU y Argentina, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PDNU), permitió el desarrollo de la vacuna para el Virus Junín vivo atenuado, llamada Candid #1.

Los estudios en Fase I y II se realizaron tanto en los Estados Unidos como en la Argentina, sin mostrar anormalidades en ninguno de los aspectos. La Fase III de evaluación se realizó entre 1988 y 1990 en un estudio prospectivo, aleatorio, doble ciego, en el que se utilizó placebo como control, que reclutó a 6500 voluntarios del sur de la provincia de Santa Fe.

Durante los años 2005 y 2006 se realizó un estudio puente, para evaluar comparativamente la vacuna Candid #1 producida en Estados Unidos y la producida en Argentina. En agosto de 2006 se obtuvo el registro de la vacuna Candid #1 elaborada en nuestro país; por Decreto 48/07, el Ministerio de Salud de la Nación incorporó Candid #1 al Programa Nacional de Vacunación para las cuatro provincias del área endémica. La implementación de la vacunación está a cargo de los programas provinciales.

La vacunación contra la FHA está indicada a partir de los 15 años de edad, en el área endémica de la enfermedad de las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa. La vacunación debe llevarse a cabo por lo menos un mes antes de que se realicen actividades de riesgo, a fin de asegurar la protección. Consiste en una única dosis de administración intramuscular. Hasta el momento la revacunación no es considerada, dado que aún transcurridos quince años desde una única dosis, se ha documentado la persistencia de la respuesta inmune específica en el 90% de los vacunados que se han estudiado. La efectividad estimada en terreno es del 98%. Los anticuerpos producidos por la Candid #1 se detectan a partir del decimoquinto día posterior a la vacunación. Para el día 60, más del 90% de los receptores ya habrá desarrollado su respuesta inmune.

Debido a que pertenecemos a una de las regiones endémicas de la provincia de Santa Fe, la prevención ofrecida por la vacuna Candid #1 merece ser destacada. La recomendación de esta medida sencilla y preventiva, a través de todos los medios de comunicación, debería llegar al total de la población logrando la disminución, año tras año, de los casos reportados.

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